miércoles, 19 de noviembre de 2014
Noviembre.
Ya está aquí el mes de la melancolía y nostalgia por excelencia. Mi mes favorito.
Me veo rodeada día a día de hojas caídas, paisaje nublado y charcos en cada rincón.
Madurar está bien, pero a la vez no, es una paradoja interesante. Empiezas a ver lo que te rodea con otros ojos y eso incluye a las personas, claro. Últimamente he vivido momento memorables y otros no tanto, personas de mi entorno han cambiado y yo he cambiado. Nada puede ser como antes, supongo que es algo que tengo que asumir.
Estoy en un momento de mi vida en el que ni siquiera soy capaz de definir mi estado de ánimo, cuando hace apenas un par de meses era bastante feliz. Esto no quiere decir que vaya "por la vida" triste y desanimada, todo lo contrario, no paro de sonreír. He decidido ser optimista y disfrutar de los pequeños momentos de los que dispongo entre exámenes (mañana tengo uno y aquí me encuentro).
No todo son malos momentos, igual que no todos los días son nublados.
Noviembre es la mejor metáfora de mi vida.
Hace poco he encontrado un grupo, en concreto una canción que me define bastante bien, la cual escucho cada noche antes de dormir.
Y de este modo puedo inventarme lo que quiera
de este modo puedo ser cobarde a mi manera.
Me teletransportaré a otro lugar mejor
al escenario preparado para la ocasión.
Ser invisible y no pedir clemencia será la opción.
Teletransporte - Izal
domingo, 2 de noviembre de 2014
Tengo que cambiar de cara o algo.
No sé si es por mi amabilidad innata, mi cara de buena gente, mi baja estatura o a saber que. El caso es que atraigo a la gente borde como un imán.
Por ejemplo, una de mis amigas de toda la vida es bastante borde, aunque le tenga mucho cariño.
Una de las primeras veces que cogí el tren, estaba yo en la vía sola con la maleta, que pesaba prácticamente lo mismo que yo. Llega el tren, empieza a subir y bajar gente, en esto que subo detrás de una muchacha y en el momento que piso el suelo del vagón un hombre que está esperando para bajar me mira y me dice "¿No has podido esperar a que bajase yo?" con una actitud un tanto negativa por no hablar de la expresión de su rostro. Yo simplemente me disculpé y me senté reflexionando por que me habló a mí cuando subieron unas 10 personas antes que yo.
Hoy, situación parecida, subo al tren y veo que el asiento que me corresponde según el billete está ocupado, pues nada, me siento en el de enfrente y el hombre al que le correspondía en vez de informarme de que debo cambiar de lugar con buenas formas o no sé, algo, me suelta otra bordería.
Que yo comprendo que ese era su sitio y que tampoco me iba a negar a dárselo, más que nada porque había más lugares libres en el vagón, pero hay formas y formas de decir las cosas.
Así como concluso, tengo que aprender a comunicarme con este tipo de gente porque creo que soy demasiado tranquila.
Tengo un cartel luminoso en la frente que dice "Suelte aquí sus borderías, no serán contestadas."